A unos pasos del Monumento a la Revolución, en la Ciudad de México, dos mujeres aguardaban al lado de una caja de cartón que contenía los restos de un perrito, que fue envenenado por sus vecinos.

De acuerdo con el testimonio de las mujeres, Yokosono fue envenenado por sus vecinos, quienes con anterioridad ya habían agredido a sus mascotas “con perros agresivos”.

Aunque fue a denunciar los incidentes con sus vecinos a la delegación Cuauhtémoc, la mujer señala que el envenenamiento de su perro no lo denunciará “pues no pasa nada”.

Para darle el último adiós a Yokosono, su dueña decoró su caja con emotivos mensajes, con los que agradeció su amistad.  En la caja había dibujos de corazones, flores, mariposas y soles.

“¡Oh, mi valerosos compañero! Vas a morir, se inclina tu cabeza. Tus ojos se oscurecen. No te veré más, encabritado como una llama sobre el rojo pedestal del desierto. Te amo.

“Gracias por todo un año. Nunca me dejaste sola. Siempre estuviste conmigo Vivimos tantas cosas juntos que no sé cómo agradecerte por más de un millón de sonrisas. Te amo, gracias. Eres el mejor perro”, decía la caja que contenía el cuerpo de Yokosono.

Cabe señalar que la asociación “Por nuestros hermanos sin voz”, de Yolanda Romero, fue la encargada de trasladar a Yokosono a Hidalgo para ser cremado.

“Por nuestros hermanos sin voz” tiene el objetivo de captar animales abandonados, trabajadores y que reciben maltrato por parte de sus dueños o por la sociedad.

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