V. Abismo bestial

-¿Y alguien de tu familia sabe?

-No, es un tema complicado… yo me acepto como soy

-¿Alguna vez pedirás ayuda?

-No lo creo

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Si una persona es zoofílica, es probable que sea hombre, que tenga niveles bajos de empatía, seguramente con antecedentes delictivos y con gustos por otras tendencias sexuales como la pedofília;  o por lo menos ese es el perfil psicológico general.  

Para la psicóloga Alejandra Santiago, en la zoofília existen dos vertientes, los bestialistas que ven a los animales como objetos sexuales sin sentimientos y los que les atribuyen características humanas que les hacen pensar que en el sexo con animales el placer es mutuo.

Existen muchas posturas médicas sobre la zoofilia, ya sea porque muchos la consideran una enfermedad y otros una variante sexual incomprendida, resultante de una serie de acontecimientos sociales desfavorables o una mala condición económica.

Al ser considerado un trastorno o una enfermedad, la zoofilia puede tratarse y curarse.

Según la especialista en neurociencia, el primer paso para tratar esta alteración de la personalidad es que se tenga disposición para recibir ayuda, para sensibilizarse y entender que los animales no perciben el placer sexual de la misma manera que los humanos.

Desafortunadamente, los zoofílicos no suelen buscar ayuda y muchos de ellos están felices de cumplir sus deseos y fantasías con animales.

 

En México no existen grupos de ayuda especializados que canalicen a las personas que quieran recuperarse de zoofilia, siendo Alcohólicos Anónimos (AA) los únicos que ofrecen un servicio parecido en su área de “Adictos al Sexo”, que usan sus “12 pasos” para contener a los zoofílicos pero no para curarlos.

Alejandra Santiago considera que AA no cuenta con los métodos necesarios para ayudar a personas zoofilicas, ya que se necesita un especialista en tendencias sexuales que pueda abrir un expediente individual, analizar la manera en la que la persona inició con el sexo bestialista, y recomendar un psiquiatra que pueda recetar fármacos que modifiquen la conducta y pueda dar seguimiento al caso. .

Para la especialista, lo más aterrador es que una persona con tendencias zoofílicas podría abusar de otras personas también…  y puede que muchas ya lo hayan hecho.

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Adiós nueva amiga, me dio gusto conocerte…

-A mí también.

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La última plática que “Rita” tuvo con un zoofílico fue, por mucho, la más interesante. “Adrián”, un hombre de 34 años residente del Estado de México y miembro del grupo de zoofílicos en Facebook no sólo se había portado extrañamente educado, además le compartió varias de sus experiencias sexuales con animales.

“Adrián” resultó ser muy diferente a “Hugo”, “Jair” y  a “Juan”. Él no le pidió fotografías teniendo sexo con animales, no le mando videos masturbándose ni pidió un encuentro con “Rita” para sostener relaciones en un hotel de paso.  

El mexiquense sólo quería sostener largas conversaciones con “Rita” sobre sus necesidades sexuales  y encontrar una amiga que entendiera que él no era como los demás, que él tenía una vida fuera de la zoofilia, una familia que desconocía sus gustos y que se sentía solo sin las redes sociales.

“Adrián” sabe lo que le gusta y no tiene miedo en contarlo. Desde que es adolescente le gusta masturbar perros, que le laman los genitales y ser penetrado hasta llegar al éxtasis.

Él sabe que nunca buscará ayuda, él está tranquilo con su decisión de acostarse con animales, por eso de vez cuando platica sus historias a un extraño de la red, para no sentirse único.

El último mensaje que “Adrián” le envió a “Rita” dice que le gustaría invitarla a comer y  compartir experiencias para  hacerse amigos de verdad. 

“Rita” jamás contestó los mensajes y la cita jamás se concretó.

VI. Rescate perruno

De acuerdo con datos proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), México ocupa el tercer  lugar en crueldad animal pues de 18 millones de perros, un 30 por ciento tiene hogar y 70 por ciento vive en el abandono.

Tal es el caso de Frambuesa, una pastor alemán de edad avanzada que llegó a la fundación de “Milagros Caninos” con la columna fracturada y la patas delanteras dañadas. Quienes la recibieron sabían que alguien le había dado una golpiza.

Tras una evaluación del veterinario, además de confirmar los golpes recibidos y que Frambuesa jamás volvería a caminar, también se halló que ella había sido abusada sexualmente.  

El comportamiento de Frambuesa era prácticamente inexistente: no reaccionaba a ningún estímulo y mucho menos ladraba.

Terapias de reiki, gotas de flores de bach y la convivencia diaria con otros perros fueron los ingredientes para que esta pastor alemán “sanara” emocionalmente.

Al respecto, el etólogo canino Rodrigo Martínez señala que los animales no están preparados para tener relaciones sexuales por placer.

“Los perros no tienen la sexualidad igual a la de los seres humanos, ellos mantiene relaciones cuando están en etapa reproductiva y no por placer como nosotros los seres humanos”, mencionó Rodrigo

De acuerdo con el experto, lo desconcertante de la zoofilia es que cuando un perro sabe cómo penetrar a una mujer o practicar sexo oral, es porque ha recibido entrenamiento por parte de sus dueños. Cuando se viola a las perras o a los perros, ellos sienten dolor, ya que su cuerpo no está preparado pues no perciben los estímulos sexuales como excitación o lubricación; por lo que la penetración los lastima y puede causarles lesiones vaginales y anales, como los prolapsos.

“El comportamiento emocional también cambia debido al miedo. Un can es capaz de reconocer el rostro de su agresor y de recordar las torturas a las que era sometido por lo que temen a las personas que se les asemejan”, señaló el etólogo.

Reconocer a un perro violentado sexualmente no es fácil. Hay que hacer una serie de pruebas físicas para determinarlo, sin embargo ellos tienen cambios en el comportamiento que indican que podrían o sufren de violencia sexual.

Se vuelven huraños, no les gusta socializar con otros perros y menos con las personas, caminan todo el tiempo con la cola entre las patas y pegada al abdomen, buscan arrinconarse cuando hay mucha gente ya que “establecen” una zona segura.

“El perro no sabe que es el abuso sexual, el siente miedo cuando algo le causa dolor, y por lo tanto siente temor de la violación por el dolor que le causa”,  explicó el etólogo.

Rehabilitar a un perro agredido sexualmente o maltratado es posible pero se requiere de tiempo, dedicación y constancia. El proceso será largo y no será fácil, lo importante es lograr que ellos vuelvan a confiar en la gente.

Cabe señalar que de seis a 10 meses es el promedio de tiempo que tarda un perro abusado en reintegrarse al entorno que lo rodea.

“Un perro rehabilitado por supuesto puede ser adoptado”, comentó  Rodrigo Martínez.

REPORTAJE. PARTE II

REPORTAJE Amantes del Zoo (Parte II)

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